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¿Copió o se inspiró?: la IA en las aulas

Saber identificar cuándo un estudiante se ha apoyado en la IA y cuándo ha abusado de ella se ha vuelto una habilidad indispensable en la educación actual.

Con la llegada de la inteligencia artificial generativa a las manos de estudiantes de todos los niveles, muchos docentes se enfrentan al mismo dilema: ¿mi alumno hizo este trabajo o simplemente lo copió de ChatGPT o alguna otra IA?
El uso de estas herramientas ha abierto puertas al aprendizaje autónomo, pero también ha generado un terreno fértil para el fraude académico.

 

Hoy más que nunca, contar con herramientas no solo para enseñar, sino para verificar, se vuelve clave. La diferencia entre “inspirarse” y “copiar” puede ser sutil, pero no imposible de rastrear. Un estudiante puede usar la IA como asistente para estructurar ideas, corregir redacción o buscar referencias, y eso es válido. El problema ocurre cuando el texto o el proyecto presentado refleja cero intervención humana, sin huellas del pensamiento crítico o del estilo personal del alumno.

Cada vez más alumnos se apoyan en la IA para complementar sus estudios, el problema viene cuando se pierde el pensamiento crítico y la personalización.

Entonces, ¿cómo detectar cuándo se ha hecho trampa con IA? A continuación, tres herramientas que pueden ayudar al profesorado a evaluar con mayor claridad:

1. GPTZero

Diseñada específicamente para educadores, esta herramienta analiza textos para detectar patrones típicos de redacción generada por IA. GPTZero identifica estructuras de baja complejidad, repeticiones o frases genéricas que suelen aparecer en textos de modelos de lenguaje.

2. Turnitin con detección de IA

Conocido por su detector de plagio, Turnitin ha integrado recientemente una funcionalidad para identificar contenido generado por IA. Es una solución robusta y de amplio uso institucional que permite verificar la originalidad y autenticidad del contenido entregado por los estudiantes.

3. ZeroGPT

Otra alternativa que escanea textos en múltiples idiomas y ofrece una estimación del porcentaje del texto que podría haber sido creado por una IA. También permite comparar versiones del mismo documento para identificar ediciones sospechosas.

Además de estas herramientas, los docentes pueden utilizar plataformas como nabbü, que permite a los estudiantes subir sus proyectos y tareas, además de ofrecer un sistema automatizado de corrección de test. Esto no solo facilita la evaluación, sino que proporciona trazabilidad y seguimiento del trabajo del alumno a lo largo del tiempo, ayudando a identificar cambios abruptos en estilo o calidad que podrían levantar sospechas.

La ética docente frente a la IA

También es necesario que los docentes revisen su propio uso de la inteligencia artificial. Utilizar IA para generar materiales, corregir trabajos o diseñar pruebas puede ser una excelente forma de optimizar el tiempo, pero siempre debe ir acompañado de un filtro personal y profesional. La ética del profesor se pone en juego cuando se depende exclusivamente de respuestas automáticas sin adaptarlas al contexto del aula, al nivel de los alumnos o a los objetivos pedagógicos del curso.

Exigir originalidad absoluta a los estudiantes si el mismo educador no revisa, corrige y personaliza la información que le brinda la IA es ilógico. 

Educar no es solo transmitir conocimiento, sino también formar en valores como la honestidad, el pensamiento crítico y la responsabilidad. La IA puede ser una gran aliada, pero nunca debe sustituir el juicio humano ni la vocación de enseñar.

 

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